Cuando consultamos al Tarot, abrimos un espacio sagrado de escucha y revelación.
No buscamos respuestas externas, sino permitir que la sabiduría del inconsciente se exprese a través del símbolo, ofreciendo imágenes que iluminan nuestro propio proceso.
Cada carta es un espejo vivo del alma y muestra aquello que pide ser visto, comprendido o transformado.
El Tarot no predice el futuro; revela el presente en profundidad, ayudándonos a reconocer los movimientos internos que dan forma a nuestras experiencias, decisiones y vínculos.
Así, la lectura se convierte en un acto de consciencia, una conversación entre el alma y su propio lenguaje simbólico.