Como astrólogos arquetipales lo único que podemos hacer es marcar una posición responsable y sostenerla: En nuestras clases y en nuestro programa de difusión no estimulamos que nuestros alumnos o allegados consulten sistemáticamente las posiciones planetarias. Por el contrario, estimulamos que se relacionen con los símbolos de la matriz astrológica y profundicen en ellos a través de la mitología, la literatura, el arte y la vivencia personal. Muy de vez en cuando anunciamos un eclipse, una conjunción planetaria atípica, etc., pero solo desde el interés simbólico y nunca con interpretaciones y vaticinios individuales.
No se trata de cosas que pasan en el cielo material, sino cosas que pasan dentro de la propia alma y que aparecen descriptas con las imágenes planetarias. De formas misteriosas, el universo material y el universo interno y espiritual están sincronizados, y nosotros no somos diferentes de la naturaleza que nos rodea ni del cielo que nos vio nacer.
Como dice Borges: “Somos iguales hasta en el hecho de creernos distintos.” Todos recorremos nuestro camino valiéndonos de lenguajes y mitologías que nos resultan conmovedoras.
Todos necesitamos un modelo sobre el cual apoyarnos para pensar. El modelo es válido si produce nuevo pensamiento y si ese pensamiento puede dar respuestas a lo que nos sucede. El resultado también depende del uso que le demos al modelo. Eso es lo que intentamos hacer con la astrología arquetipal. Tomamos una herramienta simbólica y tratamos de usarla para producir algo mejor, que siempre implica la asunción de responsabilidades y de desafíos a nivel personal de todos los actores involucrados. Para nosotros, es la vertiente psicológica y simbólica de la astrología la que más tiene para aportar a la transformación del ser humano.
La astrología es uno de los modelos que nos facilita la comprensión unitaria, en donde el adentro y el afuera colaboran y se sincronizan como partes de un mismo Todo. El cielo externo ofrece sus ciclos para que pensemos sobre los ciclos internos. Si el efecto es que prepondere el cielo externo, lamentablemente hemos fracasado. Si el afuera no nos lleva a mirar adentro, realmente estar encarnados en este plano no tiene sentido.